A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Yūsuke




En un bar en Golden Gai conocí a Yūsuke. Tomaba un gin tonic y tenía las manos como manchadas. Se veía cansado, en ese momento pensé que tenia las manos de un viejo y la cara de un joven decepcionado. Me dijo que estudió literatura inglesa y que trabajaba para una compañía de televisión .En el segundo bar que visitamos esa noche me contó que tenía una novia, japonesa como el, bailarina y sorda. También me dijo que estaba enamorado de una francesa que conoció alguna vez en París.


Sobre la mesa alguien abandonó un papel que tenía un dibujo de una mano y la frase “ みんなゆめのなか”. Yūsuke lo tradujo como “todos vivimos en un sueño”.


Me dejó pensando. Él en cambio siguió tomando y fumando, inmune a la revelación de ese papel. Tal vez cuando duerma con su novia japonesa, bailarina y sorda, sueñe con aquella francesa que lo espera o lo olvida en París. Capaz le cueste pensar que su vida de japonés con manos de viejo pueda llegar a parecerse a un sueño.


Se puso borracho muy rápido y en el ático de otro bar minúsculo y escondido nos cantó canciones de los Beatles al son de una guitarra desafinada. Se fue en un taxi y antes de irse me dijo “You forgot this” y me entregó el papel con el dibujo de la mano como si me devolviera algo que le pesaba en el bolsillo. Capaz esa idea imprevista de que la vida puede ser un sueño, era una responsabilidad muy grande, un compromiso demasiado ambicioso para un lunes por la noche.