A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Pulgarcita


Tengo una vida diminuta

que transcurre debajo de las lámparas

o los pies de ciertas camas,

que dejo colgada

sobre las sillas de un comedor

en el umbral de las puertas

en las alacenas y los armarios.


Solo para dormir puedo despojarme de ella.


Me desnudo,

me la quito de encima como un vestido pesadísimo

que dejo hecho un bollo

en el piso oscuro

y cuando cierro los ojos soy

algo nuevo:

blanco

liso

como un porcelana fría,

pero sin forma que me enjaule

sin peso que me agobie

sin nada más que un sueño que se expande

debajo de las sábanas y al fondo de los ojos.