A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Pensativa...

Tengo pensamientos como piscinas

como sofás

como pozos siniestros

como camas almidonadas.


Me dejo caer en ellos

de espaldas, los ojos cerrados,

los brazos extendidos.


¡Aaaahhhhh!


A la caída siempre la acompaña

un suspiro,

cierto alivio…

Me cansa mucho estar parada.