A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Pastillero



Cómo me gustaría comprimirla en una pastilla azul y depositarla ácida y efervescente
en la cueva húmeda debajo de mi lengua.
Tenerla ahí disolviéndose, duradera
alborotando mis papilas porosas y espumosas hirvientes untándome de gusto y desesperación.
Tal vez así nos duren más a todos
los ínfimos instantes de inspiración.
Si se vendieran y recetaran en capsulas azuladas, en frascos transparentes, en pastilleros de color.
Como únicos antídotos a la rutina, a la apatía, y al desamor.