A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Madre

He criado a mis emociones como a unas hijas monstruosas.


Con ellas no practico disciplina,

orden ni mesura.


Llegan a la casa (que soy yo)

y lo desbaratan todo.

Manchan las alfombras,

rompen los jarrones,

abren las ventanas y amenazan con tirarse.

Gritan y lloran y comen hasta vomitar.


Yo me siento en un sillón rojo, enorme

como el de una reina un poco venida a menos.

una condesa tal vez,

perversa pero hermosa de tan triste


Y las observo mientras tomo algún licor

de cereza, que parece sangre

y admiro el desastre como si fuera una pintura.


“Ay estas niñas…” suspiro,

mientras se me trepan a las cortinas

del pecho

y me hacen llorar en el metro


“¡Son tremendas!”


© Emlia Guzman 2018

Barcelona, España.

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