A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Las Mujeres de nuestro tiempo



Rotas, abiertas y turbias, están repletas de pecado, en la redondez de sus formas, en la luna de sus pechos, llevan sucias

el estigma de la carne.

Las Mujeres de nuestro tiempo se hicieron a golpes, a sustos, a encierros. Monjas, poetisas, prostitutas y marquesas, las mató la guerra, la horca y la viruela.

Marcadas por el calor de sus vientres, la profundidad de las entrañas, la apertura de las piernas inevitables, la firmeza de los muslos,

la longitud de la lengua, la cadena del pudor. La tibieza de sus mentes. Las Mujeres de nuestro tiempo marchan desnudas.


Las Mujeres de nuestro tiempo saben a historia, a secreto a lujuria. Saben a renuncias, saben a tortura.

Las Mujeres de nuestro tiempo saben de historia, de secretos de lujuria. Saben de renuncias, saben de tortura.

Instruidas en la imitación, la voluntad sofocada. Las Mujeres de nuestro tiempo salen de los sótanos, los conventos, las cocinas.

Despojadas del pudor medieval que las cruces y los santos le han tatuado entre las piernas: en lo crudo de sus cuerpos,

en los poros de la lengua.

A las Mujeres de nuestro tiempo no las conoce nadie. No las conoce la historia. No las conocen los libros.

Ocultas en lo en los laboratorios de sus mentes, en la sombra íntima de los cajones, nadie ha podido todavía divisar sus formas.

Las Mujeres de nuestro tiempo son las Mujeres de todos los tiempos.

© Emlia Guzman 2018

Barcelona, España.

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