A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

GIGANTA

Soy enorme,

una giganta.

Camino y siento mis pies como anclas.


Me da miedo

vergüenza

estropear los jardines

espantar a los niños

ahuyentar a los pájaros.


Desde muy niña pude adivinar

la fragilidad de las cosas

cómo se arruinaban

se abollaban

se hundían

con mi tacto.


Quise no volver a tocar nada.

Nunca.


Pero no se puede vivir en este mundo sin transitarlo,

aunque sea para ir al baño.


A veces hay que

subir escaleras,

sentarse en el teatro,

en el metro, en las montañas rusas.

A veces hay que festejar los cumpleaños,

nadar en mares verdosos,

recostarse sobre un césped

juntar caracoles

besarse

llorar desconsoladamente,

pedir deseos en las fuentes,

tomarse algunas fotos obligadas,

agacharse

para atarse los cordones,

para saludar a los niños

y a la gente pequeñita…

etc

etc

etc.





Bebé gigante, Leonora Carrington, 1947


© Emlia Guzman 2018

Barcelona, España.

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