A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

De noche



Una luna porosa y siniestra hamacaba paciente la enorme masa de agua oscura. Era tan gruesa y compacta que le hizo pensar en los monstruos ciegos que le observaban desde abajo, como por una ventana. Tan espesa que parecía petróleo burbujeante. Tan negra que se confundía su perímetro con el cielo nocturno.
La blancura de su tez se ensombrecía con la profundidad del mar.
Recordó de pronto el nombre de su hermano ahogado y buscó en su memoria los residuos de aquel rostro joven. Se preguntó cuantos años tendría si hubiese aprendido a nadar, qué sería de el ahora,
¿le tendría miedo al mar?

© Emlia Guzman 2018

Barcelona, España.

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