A veces, sin aviso y de forma casi urgente, un verso me florece en la oscuridad de la boca. 

La escritura siempre empieza con un secreto.

Anatomía de un presentimiento

Actualizado: 8 de ago de 2018

I .-


Un presentimiento puede pesar entre 200 gramos y 700 kilos, es decir, como el corazón de un bebé o una casa rodante.


Dos membranas impermeables y porosas lo recubren, como si fueran medias de red tornasoladas. El color, la textura y el tamaño del presentimiento depende directamente de quién los hospede. Los míos por ejemplo, caben en la palma de mi mano. Son redondos y como achatados. Me recuerdan a un dulce japonés, esponjados, gomosos, gorditos, mullidos. Mórbidos. Mis presentimientos están cubiertos de un sutil polvo blanco, que tiene la consistencia de la harina o el azúcar pulverizada y a veces deja pequeños rastros en mi ropa.


Están fríos por fuera, como si estuvieran siempre guardados en una nevera, pero puedo adivinar su interior cálido cuando con los dedos los aprieto un poco y pongo a prueba su blandura. Llegan de repente. Empiezo sospechando su olor de menta dulce. Pasa un día a lo sumo antes de que los encuentre, entre mis libros, en el fondo de mi bolsa, sobre la mesada de la cocina. Como ahora por ejemplo, tengo un presentimiento esperándome sobre la mesita de luz, lo observo de noche (que es cuando brilla) y me pregunto por qué llegó, qué querrá decirme.


© Emlia Guzman 2018

Barcelona, España.

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